Mayo: Ana María Shua, 1.






*Ana María Shua.


Llegamos al mes de mayo y con él a nuestro último autor, autora en este caso, con la que cerraremos estas sesiones dedicadas a la lectura de microrrelatos. Poco puedo deciros de Ana María Shua que no hayáis oído ya: escritora argentina, conocida en España, casi exclusivamente, por su minificción pese a que a lo largo de su larga carrera ha escrito también cuentos, novelas, literatura infantil y seguro que ha tocado algún género más que ignoro.

Conocida popularmente como la reina del microrrelato, denominación que no acaba de gustar a un republicano, he de reconocer que el título se sustenta sobre dos piezas angulares: su extensísima producción, que ha convertido al unísono en un placer y una tortura la selección de los textos, y la calidad media de su obra, verdadero caballo de batalla entre los escritores de microrrelato a los que con más frecuencia de la deseada les cuesta ser excepción de la famosa ley de Sturgeon que, como sabréis, dice que el 90% de todo es basura.






Por último, señalar que en el caso de Ana María Shua se da una circunstancia particular: la editorial Páginas de Espuma reunió su minificción completa en un solo volumen Cazadores de letras: minificción reunida (Páginas de Espuma, 2009), que incluye “La sueñera”, ”Casa de geishas”, “Botánica del caos” y “Temporada de fantasmas” y una serie de inéditos que se publicaron bajo el epígrafe de “Fenómenos de circo” y que pocos años después pasarían a formar parte del que es, por ahora, su último libro de microrrelatos.

Sin más, bienvenidos a los mundos de sueño, de lo maravilloso y de lo improbable de Ana María Shua.










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Un disparo corta en dos el aire de la ciudad. Se desploma la mitad izquierda, desprendida de sus centros vitales, derramándose en líquenes sobre el asfalto. La otra mitad huye ululando vientos. No es raro que ya no se pueda ni respirar en Buenos Aires.

Ana María Shua
De “La sueñera”








*El sueño de Pablo Ruiz Picasso (1932).



205

Le cuento a un amigo un sueño en el que él interviene. Vas a tener que explicarme el final, me dice, como si los sueños lo tuvieran, como si pudiera estar segura de que ha terminado.

Ana María Shua
De “La sueñera”



Muy fatigada, me acuesto sobre el costado izquierdo. Así no, me dicen con solicitud. Dormir del lado del corazón suele traer pesadillas. Me acuesto sobre el costado derecho. Así no, me dicen con dulzura. Dormir sobre el lado del hígado suele traer pesadillas. Me acuesto boca abajo. Así no, me dicen con gentileza. Dormir con el estómago comprimido suele traer pesadillas. Me acuesto boca arriba. Así no vas a poder dormirte nunca, me dicen con simpatía, ferozmente.

Ana María Shua
De “La sueñera”










Discurso doble

Dame, te doy, soy hembra tuya, soy tu hombre. Por escrito podría confundirse con ese viejo truco literario que consiste en trasladarse, sin previo aviso al lector, de uno a otro punto de vista, cambiando de personaje sin abrir guión ni cerrar comillas, sin dejar jamás la primera persona. Pegando el oído a la puerta es imposible confundirse: es cierto que las voces son dos, pero en las dos, en cada una de ellas, discurre ese discurso doble que distingue entre todos el Cuarto de los Caracoles destinado a los Hermafroditas.

Ana María Shua
De “Casa de geishas”











La más rubia

Un muchachito tornasolado y efímero es el hijo lejano de La Más Rubia, violada, según se cuenta, por una lombriz de tierra que la habría esperado en un campo solitario, atándole las piernas gordas con su cuerpo finito, como una boleadora sin piedras, hecha sólo de voluntad y de soga. Otros dicen que fue con su cuñado. Otros dicen que su cuñado es una lombriz de tierra.


Ana María Shua
De “Casa de geishas”

 

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