En esta segunda
entrega nos centraremos en el tercer libro de microrrelato de Ana María Shua,
“Botánica del caos” (Editorial Sudamericana, 2000. Incluido en Cazadores de letras (Páginas de Espuma, 2009)). Creo que, fundamentalmente, y sobre todo con respecto a La
sueñera, estamos ante un tipo de microrrelato más elaborado, más narrativo, que
no quiere decir mejor necesariamente. Los libros de Shua se alejan de ese
estándar aceptado hoy en día de que un libro de microrrelato reúna alrededor de
unos cien textos (más de doscientos con frecuencia) lo que hace especialmente
injusto generalizar. Como podéis ver, como ya ocurriera con Casa de Geishas,
los microrrelatos tienen título y con frecuencia, un desarrollo mayor de la
historia que se narra. También es frecuente encontrarse series como la de La
Flor Azteca, cuyo primer exponente es el que he elegido.
La Flor Azteca I
Cuando era chica, mi madre conoció a
la Flor Azteca, una cabeza de mujer cuyo cuello muy fino cimbreaba en un
jarrón. Hacía muecas, guiñaba los ojos, contestaba preguntas y no se
consideraba un espectáculo para niños. Sin embargo mi madre no lloró hasta que
le explicaron que sólo se trataba de un juego de espejos. Decepcionada pero
incrédula, alcanzó a esconderse detrás de una maderas pintadas.
A la madrugada, cuando todos los
espectadores se habían ido, salió trabajosamente del jarrón una mujer desnuda,
diminuta, enjabonada. Una férula de metal en la base del cuello le ayudaba a
sostener la cabeza erguida. «Nomás los chicos se dan cuenta de que
esto no es un truco. Por eso no los dejan entrar», le dijo
la Flor Azteca. Y la convidó con un mate.
Me parece imposible que me madre
haya sido niña alguna vez.
Ana María Shua
Botánica del caos
Lo que faltaba
Joven rosada rozagante lleva a
componer reloj de péndulo. Relojero desarma maquinaria. Al volver a montarla,
sobran piezas. Joven rosada rozagante acude a retirar artefacto. Se le entrega
reloj en perfecto funcionamiento y paquete con piezas sueltas. Joven encañona
relojero exigiendo devolución horas faltantes. Botón de alarma disimulado en el
piso. Intervención policial. Declarada inimputable, joven pierde color y
lozanía internada en institución pública. Relojero ladrón vive más de lo que
hubiera merecido.
Ana María Shua
Botánica del caos
Un pozo peligroso
Con la helada la tierra estaba tan
dura que le llevó horas cavar un pozo muy pequeño. Después de semejante
esfuerzo no quiso irse con las manos vacías. Trató de arrastrarlo tomándolo de
un costado pero como nadie lo empujaba del otro lado, a fuerza de tirones el
pozo empezaba a convertirse en grieta, una especie de zanja que dividiría la
tierra en pos de sus pasos. Entonces lo tomó delicadamente desde abajo y se lo
guardó en el bolsillo del pantalón.
Se fue a su casa, de buen humor,
silbando. Ahora el frío le resulta estimulante. Lo malo es que pronto tuvo que
ponerse las manos en los bolsillos y algo debía haber en el fondo de ese
maldito pozo porque al rato le empezó a sangrar el dedo índice y lo tuvo que
tirar.
Ana María Shua
Botánica del caos
No he querido
condicionar vuestra lectura hablando de los microrrelatos seleccionados antes
de que los leyeráis. Por eso he colocado una breves impresiones aquí.
En el primero, La
Flor Azteca I, Shua nos plantea la diferencia de mirada, nos habla de la
infancia perdida y de la incomprensión paterno-filial. Y seguramente de más
cosas que cada uno elegirá tras su lectura.
Lo que faltaba es
un ejercicio estilístico donde no sólo importa lo que se narra sino también, y
de forma muy especial, cómo se cuenta. A mi entender, ese modo telegráfico de
narrar contribuye a que el tiempo del que habla el microrrelato pase a ser
protagonista en la percepción del lector. Claro que esta es una impresión muy
mía.
Un pozo peligroso
es un ejemplo de fundición entre dos planos de realidad, o uno de realidad y
otro de ficción o ¿quién sabe? Pero esa superposición crea sorpresa, perturba y
desconcierta y me encanta.
Ahora es vuestro
turno. Espero que disfrutéis y vuestros comentarios.




